Historias del Otoño I.

La lluvia tamborilea contra los cristales de mi habitación; sobre el fragor del chaparrón, de cuando en cuando, se alza la poderosa voz del trueno…
Las hojas caen empujadas por la miríada de gotas que el grisáceo cielo derrama; serán arrastradas, por la aguas, lejos; tal vez al olvido…
Sin avisar ha llegado el otoño, ha cubierto los campos de una fina película de miel, las hojas amarillean, los días se acortan, el cielo se torna gris y llora de melancolía. Pronto expirará el verano; en un último y agónico esfuerzo ha vuelto a florecer el rosal, y son bellas sus rosas, de una belleza profunda y serena, tristes como unos ojos que conozco.
Otoño, estación para recordar, de lluvias y tristezas inexplicables… Días para suspirar.
Afuera oscurece y por encima de las nubes, densas y mullidas como algodones, ya deben de brillar las primeras estrellas…
Sentado en mi lecho , con los ojos cerrados , agito en el aire las manos, tejiendo historias , que nadie jamás conocerá ; invoco imágenes , colores , cantos , que encerraré en alguna hoja en blanco ; imprimo latidos de mi corazón , esperando y deseando que cuando tu los leas , el papel tiemble en tus manos , que toda la magia que pueden encerrar las palabras se derrame en tu habitación , que te envuelva como la primavera al jardín … Y entre el bullicio oigas el susurro de mi voz diciéndote : ” Te Amo . ” y sientas la caricia de mi mano en tus mejillas.
Llueve afuera, llueve en mi corazón, pero ¿quién notará mi tristeza? …
Tú, sí me miras a los ojos…

Publicado en on Enero 18, 2008 at 10:13 pm Dejar un comentario
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Un cadáver exquisito.

De repente cogió una servilleta de papel y dijo: ¿Quieres jugar?
Sorprendido respondí.-Vale.- Aunque me sentí algo desconcertado.
-Vamos a hacer un “cadáver exquisito”. Al ver mi cara de asombro, prosiguió con su explicación.- Cada uno vamos a ir escribiendo una frase, alternativamente. Pon lo primero que se te venga a la cabeza y así hasta construir una especie de poema; no importa que no tenga rima; veras como toma forma, la mayoría tienen, incluso, sentido y son muy interesantes.
De su bolso extrajo una servilleta de papel, cuidadosamente la desdobló; acto seguido me la tendió para que la leyese.
Leí lo escrito allí: Aquellas frases escritas en letra menuda me fascinaron.
-¡Vamos!- Exclamé deseando comenzar con el juego.
Comenzó Mom.
Miró un instante al techo, sonrió y se lanzó sobre el blanco papel como si de un ave de presa se tratase.
Me tocó el turno a mí.
Durante unos minutos la servilleta se paseó de un lado a otro de la mesa.
-¿Cuándo se acaba? – Pregunté.
- Cuando uno de los dos diga basta.
Releí con atención lo escrito.- Por mi vale.
- Entonces ya está.-Dijo Mom.
Volvimos a releer lo escrito, disfrutando del poemilla que entre los dos habíamos creado.
Seguramente esto nació a finales del siglo XIX, en las Tertulias de Café.
Me imaginé a aquellos señores de enormes y retorcidos bigotes, sentados entorno a una mesita, entre humo de habanos y copas de coñac, escribiendo como nosotros ” Cadáveres Exquisitos”.
- No lo pierdas, que me los tengo que copiar.
- Descuida.- Dijo Mom.

Publicado inicialmente en El Náufrago.

Publicado en on Noviembre 5, 2007 at 2:19 am Dejar un comentario

Cuadernos, papeles y otras historias.

Repasando lo escrito en la anterior entrada, he retrocedido sobre mis pasos para intentar recordar cuando empezó esta afición en mí a los cuadernos…
Recuerdo que siendo un “crío” rebuscando entre las cosas de mi padre me encontré con un viejo cuaderno de tapas duras, en las que mi padre tenía anotadas recetas y otras cosillas (Mi padre es pastelero; mejor dicho: es muy buen pastelero (Pasión de hijo y de goloso.); más de una vez volví a buscar aquel cuaderno para imaginar pasteles y releer en sus ajadas hojas. Por desgracia se perdió y jamás volví a saber de el…
En el colegio jugaba a escribir periódicos y a escribir algún que otro cuentecillo (aun conservo algunos.)
Pero sin duda el momento que más me impactó en mi relación con los cuadernos fue durante mi primer año de instituto.
Una tarde el profesor de literatura que teníamos llevó a clase un buen montón de libretas (de las que todos nosotros utilizábamos a diario para tomar apuntes y hacer los dichosos ejercicios); todas estaban repletas de poemas que el mismo había escrito, aquella tarde la pasó leyendo algunos de sus poemas y yo descubrí que en las hojas de mi humilde cuaderno podía crear mundos, plasmar sentimientos y ser libre de crear lo que quisiese… Entonces comencé a escribir en mis cuadernos, de todo un poco: cuentecillos, intentos de poemas, anécdotas…
Puede parecer algo cursi, pero aquella tarde descubrí que dentro de cada uno existe un pequeño creador intentando salir a la luz.
p.s. Además durante bastantes años bauticé a los cuadernos donde iba escribiendo mis historias y anécdotas con el nombre de: “Cocktail”; por eso me encuentro tan cómodo utilizando esta Coctelera, es una extensión de aquellos cuadernos.

Publicado inicialmente en El Náufrago.

Publicado en on at 2:16 am Dejar un comentario

Tarde casi otoñal.

La tarde había caído apaciblemente. Al fondo las olas se encrespaban empujadas por un refrescante viento de levante. Sin embargo la bahía, protegida por el monte del castillo, estaba hecha un remanso (o como se suele decir aquí “estaba hecha una balsa”).
La playa estaba prácticamente desierta, apenas un par de pescadores probando fortuna y algún que otro bañista, que aun se atrevía a meterse en el agua.
El aire olía a humedad, a lo lejos en los grises montes, llevaba un par de días lloviendo.
Sentado en el muro del paseo disfrutaba de esta estampa, pensando para mis adentros que por fin había llegado la tranquilidad.
Una bandada de aves surco el cielo en dirección al sur.
Por fin cayó la noche.

Publicado inicialmente en El Náufrago.

Publicado en on Noviembre 2, 2007 at 2:22 pm Dejar un comentario
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El Cuentacuentos.

Ha caído la noche y la oscuridad envuelve todo… Es el momento de contar historias.
Con paso lento avanza el Cuentacuentos; pausadamente, con suavidad se sienta en el borde de la cama. El niño lo mira con los ojos abiertos como platos. La penumbra reina en la habitación.
El Cuentacuentos levanta la mano, y se lleva un dedo hasta los labios; con un susurro dice: – SSSSHHHH. Silencio.
El muchacho lo mira hipnotizado.
- Cierra los ojos.- le dice. El obedece al instante. El Cuentacuentos aproxima sus labios al oído del muchacho y suavemente comienza a susurrarle una historia.
El muchacho siente el cálido aliento del hombre estrellarse en su oreja:
En la penumbra del cuarto brotan Dragones, Princesas, Reinos encantados, lagos, cielos azules…
El muchacho aprieta con fuerza los ojos intentando retener las mil y un imágenes que brotan en su mente…
Mientras la cálida voz del Cuentacuentos sigue haciendo volar su espíritu, arrastrándolo a mundos inverosímiles; transformándolo en héroe, en árbol, en río…
Las cortinas son mecidas por una sutil brisa… El muchacho sigue volando.
La voz se ha callado; el silencio invade la habitación y en el frío aire de la madrugada aun se respira el aroma a aventura.
El muchacho abre los ojos e incrédulo mira a su alrededor:
La ventana está abierta; la brisa matutina mece las cortinas, mientras el sol inunda a raudales la estancia; fuera cantan los pajarillos y mil aromas llenan el aire.
El Cuentacuentos ya no está, pero seguro que al caer la noche volverá, trayendo consigo mil historias nuevas que contar.
El muchacho cierra los ojos y, apretándolos con fuerza y deseando con todo su corazón que la noche vuelva a caer para tener la visita del Cuentacuentos…

Publicado anteriormente en El Náufrago.

Publicado en on Noviembre 1, 2007 at 11:13 am Dejar un comentario

Mañana clara.

Mañana clara,
fresca,
diáfana…

Sumida está la ciudad
en su letargo azul
de cielo y mar.

Hasta los pájaros duermen…

Mañana clara,
fresca…

Mis ojos se posan
en la tranquila ensenada:

Duerme el mar,
duerme la ciudad;
duermes tú…

Mientras el sol,
timidamente,
se asoma por tu ventana.

Publicado inicialmente en El Náufrago.

Publicado en on at 11:10 am Dejar un comentario

El libro de los seres imaginarios.

Título: El libro de los seres imaginarios

Autor:Jorge Luis Borges

Editorial: Alianza editorial

Año: 1998

Este es un libro al estilo de los antiguos “bestiarios”:
en el se recogen multitud de extraños seres que han engendrado a lo largo del tiempo y el espacio, la fantasía de los hombres.”

Las descripciones de las criaturas provienen de muy distintas fuentes: desde los seres mitólogicos de distintas religiones y culturas antiguas, hasta los que han sido engendrados por diverso escritores como Kafka, H.g. Wells .

Publicado en on at 11:06 am Dejar un comentario

El arriero.

Nota preliminar: El término “moro” a de entenderse bajo la definición que da el DRAE, a saber:
Moro/a: Natural del África septentrional frontera a España. Perteneciente o relativo a esta parte de África. Qué profesa la religión islámica. Se dice del musulmán que habitó en España desde el siglo VIII hasta el siglo XV. Perteneciente o relativo a la España musulmana de aquel tiempo.

La taberna estaba atestada por el más variopinto y heterogéneo grupo que se pueda imaginar. Por entre las volutas del denso humo de tabaco, se podía distinguir a algunos ruidosos soldados, que entre chanzas y bromas daban buena cuenta de un suculento asado, al tiempo que bebían vino en grandes jarras de barro. En otra mesa, unos comerciantes, con caras muy serias, hablaban en voz baja; fumaban largos cigarros que inundaban el aire con el denso y aromático humo. Un nutrido grupo de arrieros comían en el otro extremo del comedor, los rostros cansados y cuerpos polvorientos, apenas tenían ganas de conversar. Cenaban con premura para revisar la recua de mulas antes de ir a descansar.
Afuera la densa niebla envolvía el pueblo; el mundo había desaparecido, engullido por el húmedo manto de la niebla otoñal. Ni el cercano bosque, ni la montaña coronada por las ruinas del castillo, eran visibles.
Después de observar todo el cuadro que se representaba ante mi en el bullicioso salón, me centré en dar buena cuenta de mi cena; deseaba acabar y a lomos de mi caballo recorrer los escasos veinte kilómetros que me separaban del caserío de mis abuelos paternos. LLamé al tabernero; cosa que me costó bastante trabajo, pues el bullicio iba en constante aumento. Le pedí que me preparase algún tipo de bebida caliente y algo en que transportarla. No quería alargar mi estancia más en la taberna. El tabernero asintió, en parte asombrado, en parte temeroso. Pero por prudencia no me dijo nada. Diligentemente retornó a la cocina para preparar mi pedido.
De en medio de la brumosa sala apareció un anciano. Con voz ronca saludó y a continuación pidió permiso para sentarse junto a mi en la mesa.
Intrigado, asentí.
- No he podido evitar oír sus intenciones mientras hablaba usted con el tabernero.
Lo miré al rostro. El pelo raleaba en su cabeza, su frente tenía el aspecto de un campo recién labrado. Sus ojos, oscuros y vivos, tenían la mirada limpia.
-¿No es de por aquí?- volvió a inquirirme.
-No- respondí yo tajante.- Me dirijo al caserío de mis abuelos y lo cierto es que hace muchos años que no he estado por estas tierras. Deseo llegar cuanto antes y acabar de una vez con este agotador viaje.
El anciano me miró. – Yo que usted haría la noche en la taberna y al alba, continuaría con el viaje.
-¿ Por qué habría de hacerlo?
- Las noches de niebla no son adecuadas para transitar por estos caminos.
El anciano calló un instante, miró hacia los lados y acercándose a mi, comenzó a hablar casi en susurro.- Le voy a contar algo, un aciago hecho que sucedió en esta comarca hace ya muchos, muchos años. Le contaré la historia y después usted decidirá proseguir su trayecto o no. Aunque espero que después de oír la historia, usted desista y continúe mañana al romper el alba.
Miré al anciano a la vez divertido e intrigado. Saqué la petaca de tabaco y le ofrecí a mi interlocutor. Comenzamos a liarnos unos cigarros, al tiempo que le apremiaba- ¡¡Cuente, cuente!!
- Esto sucedió hace muchos años, cuando esta parte del país estaba dominada por los moros. Entonces toda esta comarca estaba bastante más deshabitada y encontrarse con alguna alma de Dios era un hecho harto extraño. No obstante los pocos habitantes de la comarca no dudaban en ayudarse unos a otros, sin importarles si el vecino rezaba a Dios o a Ala. Al encontrarnos en una marca fronteriza hoy se podía acostar uno rezando a la virgen y a todos los santos y al romper el día, con el canto del gallo se podía encontrar el paisano, buscando por donde quedaba la Meca para rezar en dirección a ella.- el anciano hizo un inciso- ¿ me entiende usted lo que quiero decir?- preguntó el anciano.
Asentí, la historia estaba comenzando a interesarme.
- Una fría noche, la niebla envolvía todo el bosque, no se veía absolutamente nada a dos pies de distancia. Volvía un paisano a su caserío; llevaba un par de mulas cargadas con unas tinajas de vino y otras mercaderías que había canjeado en la feria de la comarca. A la luz de su farol vio a un pelotón de soldados, pertenecientes a la guarnición del castillo.-la mano del anciano señalo al castillo, que invisible se erguía sobre el cerro que dominaba el poblacho- El paisano respiró aliviado, en un primer momento temió que fuesen bandoleros. Tal vez más le hubiese valido encontrarse con los bandoleros; estos, le hubiesen robado las mulas y el oro, pero habría respetado su vida… Los soldados eran unos auténticos bravucones, entre salvajes risotadas apalearon al desgraciado hombre, le quitaron el oro, las ropas y las mulas. Lo abandonaron a su suerte en medio de la espesura, desnudo y malherido.
El pelotón volvió al castillo a disfrutar del botín y el pobre paisano murió despeñado por un barranco.
Pasaron los meses y al caer el invierno, los musulmanes comenzaron a merodear por la comarca para recuperar su control. La guarnición del castillo se guareció en su interior; esperando que los invasores pasasen de largo. Una noche de niebla, sin saber ni el como, ni el porque, los moros tomaron el castillo y pasaron por cuchillo a toda la guarnición. Se rumoreó que en medio de la niebla se vio una figura desnuda de un hombre, este fue arrojando a los centinelas desde lo alto de las murallas y por último abrió los portones del castillo; luego la fantasmal figura se perdió en las espesura de la niebla.
Y sucedió que cada vez que los cristianos recuperaban el castillo, en las noches de niebla una fantasmal figura hacia acto de presencia, abría los portones, mataba a los centinelas y desaparecía… Han pasado los siglos, ya no hay moros, ni cristianos, pero el fantasma del paisano sigue apareciendo en las noches de niebla, deambulando por estos sinuosos caminos.
El anciano acabó la historia y por más que insistió no me hizo desistir de mi empeño.
Apenas alcanzaba a ver nada, la luz del pequeño farol era engullida por la densa niebla. Sentía caer la humedad a plomo sobre mi. Nada se oía, ni un susurro, un silencio tan denso como la niebla.
Me quedé paralizado, frente a mi una espectral figura cruzó por el camino; sus ojos vacíos me miraron un instante. Preso de un miedo irracional espoleé a mi caballo, el cual corrió raudo. Mientras no me atrevía a volver la vista atrás.

Publicado inicialmente en El Náufrago.

Publicado en on at 12:11 am Dejar un comentario
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Racismo II

Otra reflexión sobre el racismo…

Necio,
por que miras
con desprecio
a tu hermano.
Crees ser
mejor que él;

pero acaso
ignoras
tu destino:
Acaban rey
y peón
en el mismo cajón…

Publicado inicialmente en El Náufrago.

Publicado en on Octubre 29, 2007 at 11:28 pm Dejar un comentario

A la sombra del granado.

Título: A la sombra del Granado.

Autor: Tariq Alí.

Editorial: Pocket edhasa.

Año: 1997.

“Cuando el Reino de Granada capituló ante los Reyes Católicos en 1492 se estableció que los ritos, la religión y las costumbres musulmanas serían respetadas. Sin embargo siete años más tarde el cardenal Cisneros toma posesión de la diócesis granadina con la intención de cristianizar a todos los musulmanes.”

Dentro de este marco, las distintas historias que le acontencen a una familia musulmana sirven como hilo conductor a esta novela.
El declive de una sociedad que se ve abocada a perder su identidad como tal o al exilio.
En esta novela Tariq Alí reconstruye el día a día de las últimas comunidades moriscas asentadas en España.

Sobre el autor:

Tariq Alí nació en Pakistán y estudió en la Universidad de Oxford. Es autor de varias obras sobre historia y política, así como de diversas piezas teatrales y semblanzas biográficas. Su compromiso político con los valores humanos y contra la injusticia social le llevó a protagonizar una importante labor reivindicativa durante los años sesenta. Actualmente vive en Londres, dedicado a su labor literaria y a la producción de programas para televisón. Alí recibió el premio Arzobispo San Clemente del Instituto Rosalía de Castro por “A la sombra del Granado” , considerada como la mejor novela publicada en lengua extranjera en 1994.
(Fuente: Reseña biográfica de la misma novela)

Publicado inicialmente en El Náufrago.

Publicado en on at 1:33 pm Dejar un comentario